En los inicios del siglo XIX, el químico sueco Jöns Jacob Berzelius descubrió que tenía entre sus manos un nuevo elemento químico al que nombró Torio, en honor a Thor, dios nórdico del trueno. Sus características son muy particulares cuando está en forma de óxido de torio (THO2). Por ejemplo, tiene un punto de fusión de 3350 °C, y por esto es usado para fabricar electrodos de soldadura y cerámicas altamente resistentes al calor. Muchos instrumentos científicos y de fotografía son elaborados con esta sustancia por su alto índice de refracción. Debo agregar que no es fisionable, no puede mantener reacciones en cadena y no se puede utilizar directamente en un reactor nuclear convencional. Entonces, ¿por qué puede ser relevante en el futuro de la energía? Vamos a examinarlo.
El torio, a pesar de su altísima estabilidad, se considera un material fértil. Al ser impactado con neutrones libera dos electrones y se transmuta en uranio-233 que es un excelente material fisionable. Una vez este uranio se fisiona, libera calor y emite neutrones, lo cual permite mantener una reacción en cadena. Al volver al torio, este nunca ha sido producto de la explotación primaria, sino que aparece como un subproducto de la extracción de las tierras raras (monacitas). Las tierras raras son utilizadas como insumo para las tecnologías de energías renovables y en varios campos industriales.

